Según a quién le preguntemos, puede existir la percepción de una guerra encubierta, de una pugna constante entre bastidores, oculta al gran público y siempre inmersa en un constante tira y afloja entre sus participantes, países y actores internacionales cuyos intereses contrapuestos alimentan estas fricciones invisibles. La realidad puede implicar ciertos elementos de esta naturaleza, a veces por exceso, a veces por defecto; pero esta contraposición de intereses nunca desaparece completamente y aquí, como en todo lo que nos rodea, la ciberseguridad y la ciberdefensa cobran una importancia capital. Y cada vez mayor.
La explotación de una debilidad sistémica, propia o ajena según quién la ejecute, a través de diferentes medios y con diferentes grados de intensidad (escalables y compatibles) nos introduce de lleno en un nuevo panorama de los conflictos, en un nuevo paradigma que cada vez tiene menos de novedoso y más de constante. ¿Estamos en guerra? No, no lo estamos, pero, al mismo tiempo, nuestra paz es tensa, de sonrisas forzadas y acuerdos temporales, de giros de guion continuos y de la aplicación descarnada de aquello que se conoce como realpolitik, en ese espacio gris que habita entre la guerra y la paz y cuya seña de identidad es la incertidumbre.
Es una época de amenazas híbridas, de aplicación conjunta y combinada de la defensa y de alianzas. De nuevo, lo cíber, aquello que sucede en el plano virtual y cuyo eco resuena en cada aspecto de nuestra realidad material, no solo está de moda, sino que resulta una de las principales prioridades para cualquier país cuyo desarrollo se fundamente a través –pero no tan solo– del intercambio masivo de datos, su estudio, análisis y aprovechamiento.
Nuestro país, consciente de la realidad internacional, cuenta con un tupido elenco de organismos encargados de garantizar nuestra seguridad de una forma holística. La historia nos ha enseñado (no siempre por las buenas) que la información se ha de compartir y que se deben encontrar elementos sincréticos que permitan establecer una ruta, una dirección capaz de arrojar luz sobre aquello que amenace con subvertir nuestra paz y convivencia.
En este aspecto, la información no se trata de un conjunto fácilmente cognoscible; se ha de sistematizar y analizar para poder obtener un producto útil, aplicable y trasladable a la realidad, de forma que ayude a la toma de una determinada decisión que afecte de forma positiva a nuestro marco de defensa nacional, así como que contribuya a su crecimiento y adaptabilidad. De esta manera, tanto la tecnología como su desarrollo son herramientas indivisibles para esta búsqueda constante de seguridad y estabilidad.
¿Estamos en guerra? No, pero nuestra paz es tensa, de acuerdos temporales y giros de guion
El MCCE dentro del encuadramiento de la Defensa Nacional
Para mantener unos grados de seguridad aceptables y continuos, organismos como el Centro Criptológico Nacional (CCN) o el Instituto Nacional de Ciberseguridad (Incibe) son responsables en sus determinados ámbitos de garantizar la ciberseguridad de nuestra nación. Desde el punto de vista operacional y militar, de ciberdefensa, el Mando Conjunto del Ciberespacio (MCCE) es nuestra herramienta principal. Encuadrado dentro del Estado Mayor de la Defensa, el MCCE es el órgano responsable del planeamiento, dirección, coordinación, control y ejecución de las acciones que aseguren la libertad de acción de las Fuerzas Armadas dentro del ámbito ciberespacial, del quinto dominio operacional.
Para hacer frente a las numerosas amenazas, tanto de carácter híbrido como convencional, la respuesta más eficaz supone la aplicación de doctrinas multidominio que busquen interrelacionar las aproximaciones clásicas (dominio terrestre, marítimo y aéreo) y las más novedosas (dominio espacial y ciberespacial) de forma conjunta; es decir, aunando esfuerzos de diferentes organismos y administraciones, pero también combinada, contando con nuestros socios y aliados, tejiendo una red de cooperación eficaz.
Así, el MCCE representa nuestra opción más operativa y mejor preparada, aun siendo el mando conjunto más joven de nuestras Fuerzas Armadas. Cuando así se exige, nuestra unidad articula el Mando Operativo Ciberespacial y le otorga al jefe de Estado Mayor de la Defensa una poderosa herramienta tecnológica, preparada tanto para la defensa como para la respuesta (ataque).
De una forma orgánica, el MCCE queda conformado por cuatro elementos principales. En primer lugar, un Estado Mayor con capacidades de apoyo, operacionales y de planeamiento. Esta unidad apoya directamente al comandante del Mando y actúa como el cerebro del organismo.
En segundo término, encontramos el músculo y el capacitador más tangible y operativo del MCCE: la Fuerza de Operaciones del Ciberespacio, cuyas capacidades de defensa, ataque y obtención de inteligencia crecen paulatinamente, haciendo gala de una enorme capacidad de adaptación y poniendo en valor el gran capital humano, elemento clave de nuestra unidad.
Como sistema nervioso existe la Jefatura de Sistemas y Ciberdefensa, dotada de capacidades de investigación tecnológica tanto en 5G como en inteligencia artificial y encargada del desarrollo de nuevos sistemas de mando y control.
Por último, el MCCE cuenta con su Escuela Militar de Ciberoperaciones. Su importante labor resulta en la formación y educación de las boinas grises, guardianes del ciberespacio, militares de todas las escalas. Esta escuela cuenta con una serie de currículos completos y variados, adaptados a las necesidades de cada escala y los requerimientos operacionales que el testeo empírico establece.
Aunque las amenazas son muchas y crecientes y los rivales tratan de permear las defensas, el MCCE está preparado
En nuestra unidad, además, conviven tanto civiles como militares, ingenieros motivados cuya formación está en continua expansión y resultan imprescindibles para el Mando.
El MCCE también es responsable del ESPDEF-CERT, centro de respuestas de referencia ante emergencias informáticas, encargado de operar a nivel militar y dar apoyo cuando así se requiera a los otros dos CERT españoles (CCN-CERT e Incibe-CERT).
Aunque las amenazas son muchas y crecientes y nuestros rivales tratan de permear nuestras defensas y las de nuestros aliados, estamos preparados. Trabajamos constantemente para que nuestras fortalezas nos permitan acometer cualquier amenaza que seamos capaces de imaginar contra España, nuestros valores y nuestro estilo de vida. La instrucción de nuestros combatientes y el adiestramiento de nuestra unidad son nuestras prioridades, y así seguirán siéndolo. Cuando llegue el momento, el MCCE estará preparado.





