Los grupos de ciberdelincuentes están incorporando nuevas tácticas de extorsión cuádruple en sus campañas de ransomware, que además de cifrar datos y amenazar con filtrarlos públicamente, añaden ataques distribuidos de denegación de servicio (DDoS) e incluso el acoso a terceros como clientes, socios o medios de comunicación. Esta tendencia, que multiplica la presión sobre las víctimas y genera crisis empresariales de gran magnitud, ha sido descrita en el último Informe sobre ransomware 2025: Cómo aumentar la resiliencia en un panorama de amenazas volátil elaborado por Akamai.
El análisis revela que las amenazas ya no se limitan al secuestro de información, sino que buscan provocar interrupciones de servicio y daños reputacionales. Según el estudio, la combinación de inteligencia artificial (IA) generativa y modelos de lenguaje de gran tamaño (LLM) ha contribuido a incrementar la frecuencia y la sofisticación de los ataques, al permitir que incluso actores con escasa experiencia desarrollen código malicioso y perfeccionen técnicas de ingeniería social.
Extorsión cuádruple en ‘ransomware’
El informe también señala la consolidación de grupos híbridos de ransomware y hacktivismo, impulsados tanto por motivaciones financieras como políticas e ideológicas. Estas organizaciones recurren a plataformas de ransomware como servicio (RaaS), lo que facilita el acceso a herramientas avanzadas y multiplica el alcance de los ataques. Entre los casos recientes se menciona Dragon RaaS, surgido en 2024 a partir del colectivo Stormous.
Otra tendencia preocupante es la similitud entre las estrategias de ransomware y las empleadas en campañas de criptominería, con especial incidencia en el sector educativo y en entidades sin ánimo de lucro, habitualmente con menos recursos de protección. Asimismo, el estudio recuerda el impacto de la familia de malware TrickBot, que desde 2016 ha facilitado la sustracción de más de 724 millones de dólares en criptomonedas y sigue activo en distintos incidentes.
En el ámbito regulatorio, el informe subraya que, aunque la legislación en ciberseguridad es aplicable a los ataques de ransomware, las normativas específicas buscan desincentivar el pago de rescates. Ante este panorama, el documento de Akamai recomienda reforzar las estrategias de defensa con modelos como Zero Trust o la microsegmentación, además de mantener una vigilancia constante frente a amenazas en evolución.
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