Según la última investigación AI Pulse Poll 2026 de Isaca, un tercio (35%) de las organizaciones europeas no puede afirmar si ha sufrido ciberataques impulsados por la inteligencia artificial (IA). Esta investigación muestra, por tanto, una brecha constante en la adopción de la IA por parte de las organizaciones en su capacidad para desarrollar sistemas de ciberseguridad y gestionar los riesgos a los que se exponen.
La encuesta revela que más de dos tercios (71%) de los profesionales afirman que los ataques de phishing e ingeniería social impulsados por IA son ahora más difíciles de detectar. Por su parte, el 58 por ciento asegura que la IA ha hecho significativamente más difícil autenticar la información digital y el 38 por ciento que su confianza en los métodos tradicionales de detección de amenazas ha disminuido como consecuencia de ello.
Muchos de los profesionales encuestados (87%) también señalan la información errónea y la desinformación como el principal riesgo relacionado con la IA en la actualidad, junto con las vulneraciones de la privacidad (75%) y la ingeniería social (60%). Es decir, que los equipos no pueden gestionar lo que no pueden ver, y las herramientas en las que antes confiaban se están quedando rápidamente obsoletas frente a los ataques impulsados por IA.
No obstante, el impacto de la IA en la ciberseguridad no es totalmente unilateral, y está demostrando ser una valiosa herramienta defensiva. Así, el 43 por ciento afirma que ha mejorado la capacidad de su organización para detectar y responder a las ciberamenazas, y el 34 por ciento que ya la está implantando específicamente para mejorar la ciberseguridad.
Pero hacer realidad ese potencial defensivo hay que contar con la experiencia y la gobernanza necesarias para desplegarlo de forma eficaz; y, para demasiadas organizaciones, ambas siguen siendo limitadas, según advierten desde Isaca.
Ciberataques: La IA gana terreno en el trabajo sin control suficiente
Resulta especialmente preocupante que estas amenazas se estén desarrollando en paralelo a una adopción generalizada de la IA en los lugares de trabajo europeos. La aprobación formal es ya la norma, con un 82 por ciento de organizaciones que permiten expresamente el uso de IA y un 74 por ciento que permiten específicamente la IA generativa.
La IA se está incorporando al trabajo operativo principal: las aplicaciones más populares son la creación de contenido escrito (69%), el aumento de la productividad (63%), la automatización de tareas repetitivas (54%) y el análisis de grandes conjuntos de datos (52%). Los beneficios declarados son tangibles, ya que el 77 por ciento cita el ahorro de tiempo y el 40 por ciento afirma que la IA ha aumentado su capacidad de producción sin necesidad de incrementar la plantilla.
Pero la rápida adopción no ha ido acompañada de la gobernanza necesaria para supervisar dónde y cómo se está utilizando la IA. Solo el 42 por ciento de las organizaciones cuenta con una política formal e integral de IA, y el 33 por ciento no exige a los empleados que declaren cuándo la IA ha contribuido a los productos de trabajo, lo que deja importantes puntos ciegos en toda la empresa.
Por tanto, a Isaca no le sorprende que el 87 por ciento de los profesionales manifieste preocupación por el uso no autorizado de la IA por parte de los empleados, ni que el 26 por ciento afirme que su mayor reto con la IA en el trabajo es la falta de confianza en que proteja adecuadamente la propiedad intelectual y la información sensible.
Construir la experiencia necesaria para igualar la amenaza
La conclusión es que la brecha de gobernanza recae sobre los profesionales, que deben cerrarla, y muchos no se sienten preparados para hacerlo. Más de la mitad (54%) afirma que necesita mejorar sus competencias en los próximos seis meses para conservar su empleo o avanzar en su carrera, y el 79 por ciento reconoce que lo necesitará en el plazo de un año. El 41 por ciento señala la creciente brecha de competencias como uno de los mayores riesgos que plantea la IA. Sin embargo, una quinta parte (21%) de las organizaciones sigue sin ofrecer ninguna formación formal en IA.
El entorno regulatorio añade aún más urgencia. El Reglamento de IA de la UE es el marco de gobernanza más mencionado en la encuesta, citado por el 45 por ciento de las organizaciones, por delante de NIST (26%). Pero más de una cuarta parte (26%) de las organizaciones aún no sigue ningún marco.
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