CEO de Enthec.
María Rojo CEO Enthec Solutions

Terceras partes: un riesgo creciente que exige proactividad

María Rojo, de Enthec, analiza cómo gestionar los riesgos de terceros para proteger la cadena de valor digital.

En un entorno interconectado, cada organización forma parte de una red compleja de proveedores, socios, subcontratistas y plataformas tecnológicas que, en su conjunto, constituyen la cadena de valor. Esta interdependencia, que permite una mayor eficiencia operativa y competitividad y es imprescindible para dar respuesta a la demanda de rapidez y eficacia del mercado, también introduce una  vulnerabilidad crítica: los riesgos asociados a terceros.

En los últimos años, numerosos ataques han evidenciado cómo una brecha en la seguridad de un proveedor puede convertirse en un acceso directo a los sistemas internos de una organización. Desde el sector industrial al financiero, pasando por salud, transporte o servicios públicos, los ataques a través de la cadena de suministro digital han aumentado en frecuencia, sofisticación e impacto. Cuando terceros tienen acceso autorizado a los sistemas internos de una organización, limitarse a blindarla contra intrusiones no autorizadas es costoso e inútil.

La cadena de valor como superficie de ataque

Delegar servicios y gestión en terceros especializados o asociados permite a las empresas centrarse en su actividad principal, pero también implica ceder parte del control sobre procesos clave. Con frecuencia, estos proveedores tienen acceso privilegiado a sistemas internos, redes, aplicaciones o datos sensibles. Sin embargo, la seguridad de esos terceros pocas veces se controla con el mismo rigor que la seguridad interna.

Esta brecha de supervisión se ha convertido en uno de los principales vectores de ataque. Es importante entender que los riesgos asociados a la cadena de valor no se limitan a proveedores tecnológicos. Pueden surgir en cualquier punto: servicios logísticos, consultoras, contratistas, partners de negocio, plataformas de recursos humanos, servicios cloud, integradores de sistemas o incluso herramientas SaaS aparentemente inocuas.

Un fallo de seguridad en cualquiera de ellos puede derivar en fugas de información confidencial o estratégica, interrupción del servicio o parada de operaciones, pérdida de integridad de datos o manipulación de información, sanciones regulatorias por incumplimiento de normativas como el Reglamento General de Protección de Datos, Directiva NIS2, HIPAA o ISO 27001 y daño reputacional y pérdida de confianza del cliente.

El problema se agrava por la complejidad del mercado: a medida que las organizaciones crecen, terminan trabajando simultáneamente con decenas o, incluso, cientos de terceros, cuya situación de ciberseguridad no controlan y puede cambiar de forma dinámica, sin previo aviso.

Los riesgos asociados a la cadena de valor no se limitan a proveedores tecnológicos. Pueden surgir en cualquier punto

¿Por qué un nuevo paradigma?

Durante años, las organizaciones han intentado evaluar el riesgo de sus proveedores mediante procesos manuales como cuestionarios de cumplimiento, la conocida due diligence, evaluaciones de seguridad periódicas o auditorías puntuales. Aunque es incuestionable que estos métodos aportan información de valor en momentos concretos, llevan aparejadas carencias clave como:

  • No son continuos: ofrecen una instantánea limitada en el tiempo. Un proveedor puede estar en cumplimiento el día de la auditoría, pero sufrir una brecha grave al día siguiente.
  • Son lentos y costosos: requieren recursos humanos especializados, tiempo de análisis y, muy importante, cooperación del proveedor.
  • Pueden ser inexactos o incompletos: dependen en gran parte de la autoevalución del tercero, lo que introduce sesgos o lagunas de información y anula la certeza de trabajar sobre datos objetivos.

En el contexto actual, con cadenas de suministro cada vez más dinámicas y amenazas que evolucionan rápidamente, está demostrado que este enfoque reactivo es insuficiente.

La solución: monitorización automatizada, continua y en tiempo real

Para hacer frente a este escenario, las organizaciones están adoptando herramientas automatizadas de monitorización continua de riesgos de terceros, implantando así un enfoque preventivo. Estas soluciones permiten identificar, evaluar, priorizar y responder a amenazas de forma proactiva con información basada en datos objetivos y visibilidad constante.

Este nuevo paradigma se basa en capacidades clave como:

  • Evaluación continua y no intrusiva: a través de fuentes públicas y rastreo de configuraciones y reputación en la red, estas plataformas analizan el estado de la ciberseguridad de terceros sin necesidad de intervención directa, colaboraciones o autorizaciones. Pueden detectar vulnerabilidades como brechas abiertas, certificados expirados, puertos expuestos, filtraciones de credenciales, señales de actividad maliciosa, información expuesta, etcétera.
  • Alertas en tiempo real: cuando la herramienta detecta una amenaza crítica relacionada con un proveedor, emite una alerta inmediata. Esto permite a la organización tomar medidas antes de que el riesgo se materialice, ya sea deshabilitando accesos, bloqueando integraciones o contactando con el proveedor afectado para que proceda a desactivar y corregir la vulnerabilidad.
  • Clasificación del riesgo: las herramientas de monitorización de terceros permiten a las organizaciones clasificar de forma automática a los terceros integrantes de su cadena de valor por nivel de criticidad, tipología de servicios y exposición a amenazas. Esto facilita priorizar esfuerzos, diseñar planes de mitigación adaptados a cada caso y ahorrar en costes de protección.
  • Integración con flujos de trabajo y SIEM: generalmente, estas herramientas se integran sin dificultad con sistemas de gestión de incidentes, SIEM, GRC o plataformas de ticketing, permitiendo automatizar respuestas, generar informes de cumplimiento y facilitar auditorías.

Ventajas estratégicas

Los beneficios de adoptar una  solución de monitorización de terceros no solo pasan por mejorar la postura de ciberseguridad de la organización, sino que llegan hasta el nivel organizativo, con ventajas como: reducción del riesgo operacional, mayor agilidad en la gestión de incidentes, cumplimiento normativo demostrable y trazable, mayor transparencia en la relación con proveedores, optimización de recursos del equipo de ciberseguridad y confianza reforzada ante clientes, inversores y reguladores.

Además, esta visibilidad permite tomar decisiones más informadas a la hora de seleccionar nuevos proveedores, renovar contratos o evaluar niveles de servicio, lo cual la convierte en un pilar fundamental de la resiliencia corporativa.