Vivimos rodeados de dispositivos inteligentes que nos facilitan nuestro día a día. Desde los teléfonos móviles, que nos acompañan e incluso guían allá donde vamos; hasta los electrodomésticos del hogar, que reducen el tiempo que dedicamos a las tareas cotidianas; así como otros dispositivos, orientados al máximo rendimiento y productividad en el ámbito profesional. Por este motivo, nuestra relación con la tecnología se produce en un ecosistema en el que cada vez intervienen un mayor número de agentes y en el que, como consecuencia, los riesgos se multiplican al mismo ritmo que las posibilidades.
La prueba más inmediata y reciente de ello es la inteligencia artificial (IA). Dada su rápida evolución, en su caso ya no es correcto hablar de desarrollo, sino de expansión. Cada vez más dispositivos cuentan con un amplio catálogo de funciones basadas en IA ya consolidadas en la experiencia diaria de los usuarios con sus dispositivos. Ahora bien, en su uso también se abren enormes interrogantes en materia de seguridad y privacidad. Sin ir más lejos, textos oficiales como el AI Act, promovido recientemente por la Unión Europea, demuestran la exigencia actual por establecer un marco regulatorio común que no sea ajeno a las transformaciones de las tecnologías emergentes y otras innovaciones. Aunque seguridad y privacidad siempre han estado presentes en la discusión tecnológica, ahora la preocupación ha pasado de estar reservada a grupos de especialistas a ser compartida entre millones de usuarios.
Sin duda, ambos campos se han convertido en requisitos fundamentales y condiciones imprescindibles de todo dispositivo que forma parte de un ecosistema conectado.
En este sentido, es necesario que la innovación se traduzca en confianza; y, para ello, los usuarios deben tener respuestas ante las cuestiones que surgen cuando se plantean si sus datos e información personales son tratados de forma segura y consciente. Según una investigación realizada por la unidad FleishmanHillard True Global Intelligence y la plataforma Focaldata, nueve de cada diez usuarios europeos se sienten preocupados por la seguridad y privacidad de su información más valiosa, especialmente en el uso de sus dispositivos móviles. Ello implica y subraya la importancia de que la industria tecnológica responda de forma proactiva ante la demanda de transparencia de usuarios, en su uso privado, y de empresas, en entornos profesionales.
El paradigma ‘zero trust’ se está consolidando como un estándar necesario en la era de la hiperconectividad
Ante esta situación, es imprescindible que la seguridad esté diseñada y presente en cada área del dispositivo. Por ello, es necesario apostar por soluciones de seguridad multicapa para que los dispositivos estén protegidos en cada nivel, desde sus chips internos hasta las aplicaciones nativas de uso diario.
De la misma forma, los dispositivos portátiles, el hogar conectado o las soluciones en la nube conviven en un mismo entorno y cada eslabón de esta cadena puede convertirse en una puerta de entrada para amenazas. Además, es especialmente importante prestar atención al procesamiento de datos e información en la nube y que hardware y software trabajen de manera coordinada para garantizar la protección de credenciales, datos sensibles u otra información crítica.
Confianza
La confianza de los usuarios en sus dispositivos ha pasado a un primer plano y ahora los ecosistemas no deben actuar únicamente como un sistema de protección, sino también verificar constantemente de forma activa que no haya fisuras en las soluciones y herramientas de seguridad que integran los dispositivos. En este contexto, el paradigma zero trust se está consolidando como un estándar necesario en la era de la hiperconectividad y ante la expansión de los ecosistemas digitales de dispositivos inteligentes.
El sistema de seguridad zero trust implica que nadie tiene acceso predeterminado o por defecto, sino que todo debe validarse previamente. De esta manera, se exige una verificación explícita para cada acceso y conexión, garantizando que las identidades se protejan y que los permisos se concedan siguiendo unos criterios de máxima seguridad. Un ejemplo de esta aproximación es la integración de capacidades de gestión inteligente de dispositivos como Knox Assets intelligence con soluciones SIEM y XDR como Sentinel, que permiten materializar el modelo zero trust en la práctica diaria de las organizaciones.
Aunque el enfoque zero trust debe ser una máxima cada vez más presente en las empresas tecnológicas, los usuarios también juegan un papel decisivo para su desarrollo. En la discusión acerca de la privacidad, aún existe una brecha significativa de concienciación movida por el desinterés y la aparente complejidad con la que normalmente se vincula esta conversación. Así pues, otro de los retos fundamentales que deben abordarse consiste en hacer entender a los usuarios la responsabilidad e importancia de la gestión de contraseñas, de la navegación en redes seguras o de cómo contar con dispositivos con una garantía de actualizaciones puede marcar la diferencia, entre muchas otras acciones que a menudo pasan desapercibidas.
La verdadera innovación no se mide únicamente en velocidad, potencia o diseño, sino también en la capacidad de generar confianza duradera. Y esto, en un mundo hiperconectado, es una responsabilidad compartida. Desde las propias actualizaciones hasta el diseño, los dispositivos deben integrar unos estándares elevados de protección que no impidan una experiencia intuitiva y sencilla para los usuarios. Para ello, es necesario anticiparse y evitar las soluciones improvisadas consiguiendo ecosistemas sólidos sostenidos sobre la certeza de que nuestros datos, identidades y dispositivos están protegidos por defecto y por diseño. Una conectividad segura nos permite abrir puertas a nuevas formas de trabajo, ocio y comunicación, pero solo será sostenible si la innovación la protege de manera natural e integrada.






