Antonio Villalón, S2Grupo
Antonio Villalón CSO S2Grupo

Hablemos de geopatriación

tecnología seguridad

Durante los últimos meses cada vez estamos escuchando más la palabra (por supuesto, incorrecta en castellano) geopatriación. Hasta Gartner, en su informeTop 10 Strategic Technology Trends for 2026 destaca la geopatriación como una de las diez tendencias que marcarán el trayecto tecnológico de los próximos cinco años.

La geopatriación es el proceso de redistribuir datos y aplicaciones desde proveedores cloud globales hacia entornos regionales, como nubes soberanas o centros de datos propios. Esta geopatriación surge por diferentes motivos que van desde el cumplimiento normativo hasta el incremento de la resiliencia, pero hay un factor que la cataliza especialmente: el riesgo geopolítico. En los últimos meses, y sobre todo desde principios de este año 2025, con la llegada de Donald Trump de nuevo  la presidencia estadounidense y el giro que ha dado el republicano a muchos ámbitos de la política internacional. Antiguas alianzas que parecen debilitarse y aliados de confianza que en poco tiempo dejan de serlo, o al menos de serlo de confianza.

Balance entre soberanía y seguridad

Geopatriar es fácil, si existiera esta palabra. Lo realmente complicado es hacerlo balanceando soberanía y seguridad con los beneficios y funcionalidades de los proveedores globales. No nos engañemos: seguramente un proveedor de cloud regional no nos va a dar la misma funcionalidad, escalabilidad o garantía que nos pueda dar un gran proveedor global. Pero, por el contrario, reforzará nuestra soberanía, ayudará al tejido tecnológico regional e incrementará nuestra resiliencia, evitando que movimientos geopolíticos imposibles de controlar por nosotros acaben impactando en nuestras organizaciones.

Geopatriación, más allá de lo tecnológico

Y no veamos la geopatriación como un tema del entorno cloud. Va mucho más allá. Podemos hablar de geopatriar más servicios, más productos y más proyectos. De aprovechar y potenciar proveedores regionales para lograr, a medio plazo, un mayor grado de soberanía tecnológica, ese objetivo asintótico que nuestros gobiernos parecen haber descubierto en los últimos meses, a pesar de que muchos llevábamos años predicándolo, aunque a veces fuera en el desierto.

Seguramente, en España, en Europa, no necesitamos unos productos tan maravillosos como los estadounidenses, pero sí necesitamos unos productos que cumplan con nuestros requisitos, que potencien nuestro ecosistema tecnológico y que generen y mantengan talento local. Y, sobre todo, que si un día ese proveedor estadounidense se enfada (o nos sube el precio de las licencias, o decide que ya no quiere trabajar con nosotros, o simplemente su gobierno elige otros aliados), nosotros podamos seguir trabajando sin alteraciones, o con alteraciones mínimas.

No hay una solución general para todos los casos

Según Gartner, en 2030 el 75 por ciento de las organizaciones fuera de Estados Unidos habrán implementado estrategias de soberanía, frente a menos del cinco por ciento que lo han hecho hoy en día. ¿Qué deberíamos hacer en nuestras organizaciones? La geopatriación no es saltar del tren ni abandonar –o intentarlo– un mundo que, queramos o no, está globalizado.

Debemos definir, o al menos analizar, un plan de geopatriación selectiva, que identifique aquellos datos, aplicaciones, productos… críticos para nuestra organización, que evalúe su situación y sus riesgos y analice la geopatriación como un mitigador efectivo. Y, si lo es, que ejecute el plan para, a medio plazo, geopatriar lo más necesario para nuestro funcionamiento, de manera ordenada, priorizada y con los pros y contras convenientemente analizados. Ni la geopatriación es un todo o nada, ni hay una solución general para todos los casos. ¡No es el «one size fits all«, es la soberanía!