En 2025 se espera que haya más de 75.000 millones de dispositivos conectados a Internet en todo el mundo, según datos de Statista. Es decir, casi nueve dispositivos por persona. Smartphones, relojes inteligentes, sensores industriales, cámaras o dispositivos médicos forman ya parte de un entramado digital que se ha convertido en la columna vertebral de nuestra vida diaria.
Pero este escenario de hiperconectividad, que nos aporta comodidad y eficiencia, también abre un nuevo frente de exposición a todo tipo de vulnerabilidades. Cada dispositivo conectado es una posible puerta de entrada para los ciberdelincuentes. El antiguo perímetro de seguridad ha desaparecido, y la línea que separaba lo personal de lo corporativo es cada vez más difusa.
Los incidentes relacionados con dispositivos IoT y endpoints se han disparado. Solo en 2024, el 40 por ciento de las empresas europeas sufrió algún tipo de ataque vinculado a sus dispositivos conectados, según la Agencia Europea de Ciberseguridad. Este dato deja una pregunta en el aire que todos deberíamos hacernos: ¿estamos realmente preparados para proteger nuestro entorno corporativo, que crece exponencialmente?
Medidas de seguridad en Europa y España
En los últimos años, Europa ha entendido que la ciberseguridad ya no es solo un tema técnico, sino una cuestión estratégica. La aprobación de la Directiva NIS2, el Reglamento de Ciberresiliencia y la actualización del Esquema Nacional de Seguridad (ENS) en España son claros pasos para mejorar la postura de seguridad ante los ciberataques.
Aun así, la distancia entre la normativa y la realidad empresarial sigue siendo preocupante. En España, el 57 por ciento de las pymes aún no cuentan con un plan formal de ciberseguridad, y solo una de cada tres realiza auditorías periódicas de sus sistemas conectados, según el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad.
La rápida digitalización, el aumento constante del teletrabajo y la integración de entornos industriales con redes corporativas y servicios en la nube han multiplicado los puntos de riesgo. A esto se suma el factor humano, que continúa siendo el eslabón más débil. Contraseñas inseguras, clics en correos fraudulentos o el uso de redes WiFi públicas son todavía causas comunes de filtraciones y brechas de datos.
Europa busca, con la Estrategia Europea de Ciberseguridad 2024-2027, crear un mercado común de soluciones tecnológicas y competencias digitales, fomentando la colaboración entre países y el desarrollo de tecnología soberana. El desafío es que las amenazas evolucionan más rápido que las leyes. Con la inteligencia artificial generativa, los atacantes automatizan procesos y crean ataques cada vez más sofisticados, capaces de engañar incluso a los sistemas más avanzados.
Estrategias alineadas con los procesos de negocio
Garantizar la seguridad en la situación que nos encontramos exige una visión integral. No basta con tecnología o con buenas intenciones: hay que combinar herramientas avanzadas, formación continua y cumplimiento normativo.
En el plano tecnológico, las organizaciones deben abandonar el enfoque tradicional de «proteger el perímetro» y pasar a un modelo basado en la identidad y el contexto. En este sentido, el enfoque zero trust («nunca confiar, siempre verificar») se ha convertido en el estándar. Permite evaluar constantemente a los usuarios y dispositivos antes de concederles acceso, reduciendo los riesgos incluso en entornos distribuidos o remotos.
Junto a esto, las arquitecturas SSE (Secure Service Edge) y SASE (Secure Access Service Edge) se han posicionado como una respuesta sólida a la nueva realidad digital. Estas soluciones integran funciones de seguridad como CASB, SWG, ZTNA o DLP desde la nube, asegurando que todos los accesos y comunicaciones estén protegidos, sin importar dónde se encuentren los usuarios o los dispositivos.
Pero la tecnología solo es una parte del rompecabezas. La concienciación del usuario sigue siendo clave. Las empresas deben promover programas de formación continua, simulacros de phishing y políticas claras sobre el uso seguro de los dispositivos. Fomentar una cultura de ciberseguridad implica entender que cada empleado puede ser tanto una vulnerabilidad como una defensa activa.
El cumplimiento normativo también debe dejar de verse como una obligación y pasar a considerarse una ventaja competitiva. Cumplir con el Reglamento General de Protección de Datos, la NIS2 o el ENS no solo evita sanciones, sino que refuerza la confianza de clientes y socios, mostrando un compromiso real con la protección de los datos.
En este terreno, Symantec, parte de Broadcom, se ha consolidado como un referente en la protección de entornos conectados. Su plataforma Symantec SSE ofrece una defensa integral que combina control de acceso seguro, protección frente a amenazas, seguridad en la nube y prevención de fuga de datos. Esta integración permite a las empresas proteger a sus usuarios, datos y dispositivos de forma unificada, manteniendo la productividad y la agilidad que exige el mundo actual.
La ciberseguridad y la conectividad de los dispositivos dependerán de nuestra capacidad para adaptarnos y anticiparnos
Anticipándonos al futuro
El futuro de la ciberseguridad y la conectividad de los dispositivos dependerá de nuestra capacidad para adaptarnos y anticiparnos. La seguridad dejará de ser un proyecto con fecha de cierre para convertirse en un proceso continuo, impulsado por la innovación y la colaboración.
La inteligencia artificial jugará un papel crucial en este sentido, tanto en la defensa como en el ataque. Veremos sistemas capaces de predecir comportamientos anómalos, responder en tiempo real y aprender de cada intento de intrusión. En paralelo, los ciberdelincuentes usarán la misma tecnología para lanzar ataques más rápidos, personalizados y difíciles de detectar.
También crecerá la importancia de la resiliencia digital: no solo evitar incidentes, sino garantizar la continuidad operativa cuando estos ocurran. En un mundo donde todo está conectado, la rapidez con la que una empresa se recupera será tan importante como su capacidad de prevenir.
España y Europa están avanzando hacia una economía digital basada en la confianza, pero esa confianza solo será posible si aseguramos los millones de dispositivos que nos conectan. Las organizaciones que entiendan este desafío estarán mejor preparadas, más protegidas y, en definitiva, más fuertes frente a lo que viene.
Porque la verdadera seguridad no consiste en construir muros más altos, sino en aprender a convivir con el riesgo de forma inteligente, coordinada y consciente.





